Aquellos maravillosos veranos

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Una vez más vengo sin receta, pero prometo una y de las buenas para la próxima entrada. Pera ahora, estoy inmersa de lleno en el verano, en este verano que encuentro tan cambiado, veranos en los que he pasado de ser niña a madre, con lo que todo ello conlleva. Cuando tengo un rato de descanso, no puedo evitar pararme a pensar en los veranos de antes y en los veranos de ahora, los dos veranos, pero tan distantes y tan distintos…

Cada uno con sus cosas buenas y sus cosas mejores, pero en definitiva completamente distintos, al menos el cristal desde el que ahora lo miro y lo miraba antes….

Antes yo estaba en la piscina y veía el verano desde la parte de fuera del cristal, esperando a que una voz gritara nuestro nombre anunciando el momento de ir a comer, exhaustos de tanto jugar, disfrutar e incluso porque no aburrirse. Ahora lo miro desde dentro del cristal, desde la cocina, preparando la comida y siendo yo la que da la voz de “A comeeer”.

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Descanso menos, pero sería capaz de afirmar que disfruto más, o al menos de una manera diferente, disfruto especialmente de una escapada a cenar o dar un paseo los dos solos porque alguien hace la cobertura, la abuela viene a estar con los nietos un rato y los papás descansan. Disfruto de verlos disfrutar, de planear donde llevarlo y de ver sus caritas…

No tenéis la sensación de que de unos años a esta parte, o mas bien cuando te vas haciendo mayor….el significado de la palabra VERANO, ¿parece haber cambiado un poco?.

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Verano antes para mí, eran tres largos meses de felicidad, era tres meses sin ver a tus amigos, era libros de vacaciones Santillana, era estar en bañador desde la mañana hasta la noche y gran parte del día descalzo, era quedarse despierto mucho después de cenar, aprender a montar en bici, siestas obligadas, digestiones eternas, bañarse en la piscina de noche, era volver un día a la ciudad para comprar libros y mochilas y que la casa oliera distinta, a cerrado, a verano.

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Era visitar a tu abuela junto a tus primos  y pasar allí unos días de baños en la playa y salidas por el pueblo por las tardes, era jugar a la hora de dormir, eran campamentos, hacer cabañas, dar biberones a las nuevas ovejas, era recoger huevos, pasar todo el día con tus hermanos, era que papá tuviera mucho más tiempo para jugar con nosotros, era ponerte morena sin buscarlo, ¡morena no, negra! sin tener la menor intención, era perder la noción del tiempo y el calendario, era…una pasada.

Pero más pasada aún es tener recuerdos de verano, poder tenerlo e intentar transmitirlos a nuestros hijos.

Los veranos han cambiado sí, pero no para mejor o peor, creo que quizás tan solo sea, que como dice la canción “Cualquier tiempo pasado nos parece mejor…”

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