Bechamel… ¡El secreto está en la base!

Cuando uno se mete en la cocina o decide aprender a cocinar nos empeñamos en preparar recetas pomposas y complicadas que a veces no nos satisfacen del todo y complican la vida, o incluso con recetas de toda la vida, las cuales entendemos sencillas y al final nos decepciona el resultado.

Me refiero a la clásica lasaña o una simple crema de verduras y es que para mí, el secreto del éxito, reside en la calidad de la materia prima, sin lugar a dudas, y sobre todo en los primeros pasos que damos a la hora de elaborar nuestra receta.

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A los primeros pasos me refiero por ejemplo en la preparación de un sofrito para un guiso sublime, la preparación de un buén fumé en un arroz de mariscos, a rehogar correctamente la cebolla a la hora de elaborar una salsa de esas que hacen saltar las lagrimas, o la preparación de una simple bechamel, columna vertebral de recetas tan conocidas como la lasaña, cualquier crema medio elaborada y un sinfín de recetas innumerables.

Precisamente eso es lo que os quiero mostrar hoy, un básico imprescindible para cualquier cocinero que se precie y para todo aquel aprendiz que quiere empezar por el principio.

Como os he comentado anteriormente, el fracaso de muchas de nuestras recetas puede estar precisamente ahí, en cometer errores o poner menos cariño y dedicación de la que se merecen las bases de nuestras recetas.

Ingredientes

500 ml de leche entera

50 gramos de mantequilla

1 cucharada grande de harina

1 cucharada pequeña de sal fina

1/3 de una cucharada pequeña de pimienta negra molida

1/3 de una cucharada pequeña nuez moscada

Preparación 

Comenzamos calentando un pongo la leche, templándola sin dejarla hervir, más que nada para que no haya tanto contraste de temperatura con la mantequilla derretida.

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En un cazo, añadiremos la mantequilla y la pondremos al fuego hasta que se derrita y entonces añadiremos la harina y comenzaremos a remover con ayuda de unas varillas y se creará una pasta compacta, cuando se tueste ligeramente, comenzaremos a añadir la leche en un chorrito pequeño, sin dejar de remover, para evitar que se formen grumos. No añadiremos la leche de golpe, nosotros lo haremos en tres veces.

Hay quien dice que cuando al levantar las varillas se forme un hilo continuo ya está lista nuestra salsa bechamel , pero mi secreto es esperar a lo que mi madre llamaba, los tres hervores.

Cuando la harina esta tostada, añadimos la primera parte de leche despacio y removiendo, cuando comience a burbujear, apartamos un segundo del fuego, volvemos a colocar y continuamos añadiendo la segunda parte de leche, así hasta tres veces y acabar con toda la leche, en ese momento añadiremos la sal, la pimienta y la nuez moscada.

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Hasta este momento no hemos dejado de remover, ahora bajaremos el fuego y esperaremos a que vuelva hervir, y debemos fijarnos en que de las pompas salga la mantequilla amarilla, tened un poco de paciencia ya que aparecerá el color amarillo y es garantía de una bechamel deliciosa.

Durante el proceso la bechamel ha ido espesando, es importante que no la dejéis demasiado tiempo antes de servir ya que seguirá espesando.

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